
Hay regiones de distintos países en las que en determinada época del año, se pueblan de un turismo regional lo que genera un cambio total en la fisonomía de la ciudad. Un ejemplo de ello es Florianópolis, ciudad situada al sur de Brasil en el estado de Santa Catarina.
De diciembre a marzo, Florianópolis es visitada por millares de turistas argentinos, uruguayos, paraguayos, y los mismos brasileños, principalmente de Río Grande Do Sul y San Pablo. Es en éstas épocas en que la ciudad cambia radicalmente su fisonomía pues el casco urbano de la isla se ocupa de turismo extranjero. La ciudad pasa a ser dueña de sus países limítrofes, pese a que no pierde el encanto que atrae a su propia gente seducida por el turismo latinoamericano.

Florianópolis podría dividirse en tres secciones, pues las playas del norte son popularmente visitadas por los argentinos. El centro comprende el principal conglomerado urbano; y el sur abarca las playas más desérticas.
Los puntos a favor de la ciudad es que su clima es realmente excelente, con una media de 30 grados. Sus aguas son cálidas, la oferta hotelera es de lo más variada, y sus precios son accesibles, más aún en comparación con otros destinos brasileños.
Sin embargo, el principal defecto de Florianópolis está proporcionalmente relacionado a la cantidad de gente que la visita: cuánto más turismo haya, más difícil será trasladarse, y no se asombre si se le complica intentar acceder a una de las playas. La cantidad de gente es asombrosa.
La seguridad en Florianópolis es bastante baja en comparación con San Pablo o Río de Janeiro. Como recomendación, es un gran destino para nuestras próximas vacaciones.
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