Esta isla cercana a la ciudad de Rio de Janeiro tiene un pasado muy dantesco. Ilha Grande, en la época de la colonia, era el destino de cuarentena obligatoria a los supuestos extranjeros enfermos de lepra, antes de ser autorizados a entrar en el país. Luego en el siglo XX, en la época de la dictadura militar, el territorio fue transformado en isla penitenciaria, abrigando los cacos más peligrosos de la comarca. En 1994, hace relativamente poco tiempo, se firmó el desalojo de la misma y se proyectó un desarrollo turístico de impacto ambiental sostenible.
Gran parte de su área se encuentra dentro del Parque Estatal de Ilha Grande y del Parque Marino de Aventureiro, áreas protegidas donde el turista puede disfrutar tanto de los senderos en la Mata Atlántica -organizados por guías locales-, como visitar las innúmeras isletas en barco. Los paseos rondan entre 20 o 30 reales y son muy recomendables. No deje de visitar la playa Lopes Mendes en el tramo que corresponde a la costa oceánica de la isla y darse un baño o bucear en la Lagoa Azul.
Es importante saber que el acceso restringido de la isla es una forma de preservála del turismo masivo. Por ello, sólo es posible alcanzar la isla en vía maritima desde el único ferry diario disponible que sale desde Angra dos Reis o de Mangaratiba.
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